a tu vera
a tu vera
Llegaré y m sentaré adormilada aún, enfebrecida x la mañana, tiritando en los abrigos, las bufandas, los pañuelos, debajo d tu asiento. Acurrucada en la rutina d todos los días q transcurren sin sobresaltos, o con tantos sobresaltos q s olvidan, q incluso s hacen lógicos y resbaladizos, d tan llenos d costumbre. T moverás a mi lado, al lado d la inercia, dl lado dlos vivos con rostros indolentes, compañeros d vagón, viandantes, ciudadanos en fin q agachan la cabeza, intuyendo apenas q el sol vive hoy en un cielo amarillento cuajadito d tristeza. Sonriendo algunos xq hay que sonreír. Y cuando el invierno arrecie estaré contigo en la alcoba desa casa q, aunq no lo sepas ya es mía, volteando intermitente en la estela d calor q m conforta, surgiendo a veces, d entre libros y papeles, manuscritos d st invierno q s acerca con tardes húmedas y solitarias aceras, con cafés o vino tinto d taberna, con amigos d todos los inviernos conversando ateridos en las puertas, preparando un domingo d alegría q no llega. Y también en un domingo x la tarde, con aroma d domingo en las esquinas : un segundo caminando bajo tu hombro, un segundo apretadas las cinturas, antes de comprender q son visiones d segundo, antes d pensar: qué frío !!! y sonreír con el chiste q s cuenta casi todas las tardes de domingo. Y tú recordarás entonces q algún día soñaste un sueño raro y sabrás, q lo sigues soñando todavía.
